Las nuevas tendencias en el control de enfermedades cardíacas, sitúan al Hígado graso como uno de los factores que debían añadirse el Síndrome Metabólico.
El Hígado graso que es una realidad en un 80% de las personas por encima de los 50 años, que hayan bebido alcohol y/o comido mucho en los años previos, se muestra hoy como un factor de riesgo cardiovascular como lo son ya hipertensión, diabetes, obesidad o colesterol. También si la causa no es el alcohol.
Según un estudio realizado por investigadores franceses e italianos, las formas más severas de esta condición se asocian con una mayor resistencia a la insulina y con un mayor espesor de las arterias carótidas, que constituyen dos indicadores de riesgo cardiovascular.
Otro estudio, en este caso realizado por investigadores norteamericanos sobre un análisis de la evaluación nacional de salud de ese país (Nhanes III, según sus siglas en inglés), que incluyó a más de 10.000 personas, mostró que quienes tenían Hígado graso habían presentado una tasa de mortalidad más elevada que la de la población general, cuya principal causa de muerte eran las enfermedades cardiovasculares.
El llamado Hígado graso de causa no alcohólica afecta a alrededor del 20% de la población, especialmente en los países con tasas elevadas de obesidad, y se caracteriza por la inflamación de ese órgano, que, sin tratamiento, puede derivar en una estatohepatitis no alcohólica o EHNA, causa frecuente de cirrosis y cáncer hepático.
La EHNA es una lesión similar a la que puede producir el alcohol en las personas que consumen menos de 200 gramos de alcohol por semana.
Aunque en la mayoría de los casos el Hígado graso carece de síntomas, estos son comunes a muchas otras afecciones y suelen aparecer en etapas avanzadas: fatiga, pérdida de peso y debilidad.
En países como los Estados Unidos, la prevalencia del Hígado graso se ha duplicado en los últimos años como resultado de la epidemia de obesidad, y lo mismo puede decirse de otros países que enfrentan el problema del creciente sobrepeso.
Recientes estudios han hallado que entre el 84 y el 96% de las personas obesas que se sometían a una cirugía bariátrica para bajar de peso tenían Hígado graso. Por eso, el tratamiento actual apunta al descenso de peso, a la adopción de una alimentación saludable, a evitar el consumo de alcohol y a una vida físicamente más activa.
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