El tratamiento debe ser multicausal debido a su origen y debe incluir soluciones dirigidas a resolver las posibles complicaciones orgánicas, un plan de recuperación de peso en caso necesario, psicoterapia personal y/o familiar, y en algunos casos, medicación. Puede ser ambulatorio o, si la enfermedad está muy avanzada y necesita intervención drástica, hospitalario.
Desde una perspectiva dietético-nutricional, los objetivos del tratamiento en la anorexia nerviosa son:
En personas bulímicas, el control de peso pasa a ser un objetivo secundario, el objetivo primordial será controlar las crisis. Se ayudará a la persona a:
Son variadas las técnicas para abordar a la anorexia nerviosa y la bulimia: cada caso en especial necesita de una adaptación de dichas técnicas, considerando la complejidad de las situaciones y de los vínculos interpersonales. No obstante, debe clasificarse adecuadamente al paciente en cuanto al grado de afectación que presente: en una anorexia nerviosa severa y descompensada.
(Ej: paciente deshidratado, en shock, con arritmias cardíacas) es primordial tomar medidas terapéuticas que tiendan a conservar la vida; recuperado el paciente de esta situación extrema, se realizarán las restantes medidas de apoyo.
Como los trastornos alimentarios son de origen multifactorial, lo más aconsejable es la aplicación de distintas disciplinas para abarcar todos los aspectos de esta problemática. La mayoría de los profesionales idóneos se desempeña en equipos interdisciplinarios, con un común denominador: la recuperación del paciente mediante la reeducación nutricional y el abordaje de aquellos conflictos psicológicos que desencadenaron las alteraciones en la conducta de alimentación.
Algunas personas prefieren un tratamiento individualizado, mientras que otras escogen un contexto grupal donde pueden compartir lo que les sucede, no sólo con un profesional, sino también con gente que se encuentra en similares condiciones.
Tratamientos Farmacológicos
Debe realizarlos un médico psiquiatra, generalmente miembro del equipo. Con un previo examen profundo del estado orgánico general del paciente, se efectuarán sólo en casos de depresión progresiva y para reducir la frecuencia e intensidad de las compulsiones bulímicas, cuando el apoyo psicoterapéutico ya no surte efecto.
Se emplearán antidepresivos de última generación, los que al parecer tienen un efecto sobre el comportamiento alimenticio actuando sobre los sistemas metabólicos que regulan el hambre, la sensación de saciedad y el equilibrio del peso.
Uno de los antidepresivos más utilizados en el tratamiento de la Bulimia Nerviosa es la fluoxetina, psicofármaco que se halla dentro del grupo de los "inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina"(ISRS). El pilar del tratamiento con este fármaco reside en el hecho de haberse probado que los pacientes bulímicos tienen niveles inferiores de serotonina en sangre y, por lo tanto, en el sistema nervioso central, lo que determina las típicas oscilaciones en el humor y el apetito exagerado que conduce al atracón, sumados a la intensa preocupación por la imagen corporal y el temor a perder el control sobre los hábitos alimenticios. Múltiples investigaciones sugieren que la Bulimia tiene relación con la imposibilidad del sistema nervioso de regular la serotonina.
Los antidepresivos por lo general se administran por varios meses: deberán pasar por lo menos cuatro semanas para que comiencen a notarse los efectos (fase de impregnación). Una vez dejada la terapia de forma paulatina, la fluoxetina se queda almacenada en el organismo por semanas, incluso meses. Aunque la droga es habitualmente bien tolerada, algunos pacientes presentan efectos indeseables por ejemplo: insomnio, fatiga, náuseas, diarrea, nerviosismo, etc. No está avalado su uso en niños.
También se emplean antidepresivos de distinta naturaleza química a los ISRS, como ser: antidepresivos tricíclicos, inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) y trazodona. Hay otros psicofármacos que constituyen la batería de tratamiento: ansiolíticos (tranquilizantes menores) y antipsicóticos (tranquilizantes mayores).
Estos últimos se guardan para casos extremos de anorexia nerviosa, con severa deformación en la percepción de la imagen corporal y negación absoluta de la enfermedad con trastornos conductales graves.
La ciproheptadina, generalmente mezclada con complejos de vitaminas suele utilizarse para estimular el apetito en la anorexia nerviosa restrictiva, ya que estos pacientes van perdiendo progresivamente la capacidad de reconocer las señales internas de hambre.
Todos los fármacos deberán ser administrados por un especialista, bajo estricta vigilancia médica, con controles periódicos de laboratorio.
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