Los aceites están presentes en la cocina desde siempre, tanto para condimentar como para cocer los alimentos. Sin embargo, las personas que desean bajar de peso o cuidar su salud cardiovascular o digestiva, deben usarlos con moderación. La razón es simple: los aceites son cuerpos grasos puros, es decir que contienen casi un 100% de grasas.
Esto quiere decir que, sea cual fuere su origen, el aceite aporta en una cucharada sopera 90 calorías, cantidad similar a la que proporcionan un huevo grande o una banana. Por eso, si se está haciendo dieta, lo mejor será utilizar el aceite con mucho cuidado.
Pero no todas las grasas son perjudiciales. Veamos las categorías de los distintos aceites que es posible encontrar hoy día en los supermercados.
Básicamente, las grasas están compuestas por ácidos grasos, moléculas constituidas por una unión de átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno. Pero, no todas las uniones son iguales y, justamente por ello se dividen en: saturados e insaturados (estos últimos a su vez se subdividen en monoinsaturados y poliinsaturados). Actualmente se sugiere que del total de grasas que se consuman, la tercera parte, sean poliinsaturadas, la tercera monoinsaturadas y el tercio restante saturadas (éstas últimas no deben superar el 10% de las calorías de la dieta). A continuación las analizaremos por separado:
Ácidos Monoinsaturados
En
estos ácidos los 2 átomos de carbono situados de forma consecutiva
están unidos a un solo átomo de hidrógeno. Con lo cual al ser
“insaturados” son capaces de fijar más hidrógeno.
Según los
nutricionistas, el consumo de grasas monoinsaturadas debe representar
entre el 13 y el 23 % de las grasas ingeridas.
El mejor
representante de esta familia es el ácido oleico, presente
principalmente en el aceite de oliva (54 a 80%). Esto lo convierte en el
aceite más adecuado para las frituras por dos motivos fundamentales:
1,-
Porque es el más resistente a la descomposición química que provocan
las altas temperaturas
2.- porque es menos absorbido por la
superficie de los alimentos que se fríen en él, lo que aumenta la
digestibilidad de éstos y disminuye su valor calórico final.
Ácidos Poliinsaturados
Este
ácido posee dos o más pares de átomos de carbono “insaturados” y cuenta
con el beneficio de disminuir el colesterol total y la concentración de
LDL (colesterol malo). Pero estas grasas tienen el inconveniente de que
se oxidan con facilidad, interviniendo en procesos de formación de
radicales libres que son nocivos para la salud. Aunque el organismo
puede inactivar tales procesos por medio de sustancias antioxidantes, no
es prudente abusar de las grasas poliinsaturadas. Por esta razón, se
recomienda que su consumo sea de 3 a 7% del total de la grasa, sin
sobrepasar nunca el 10%.
El ácido graso poliinsaturado más frecuente
es el ácido linoleico presente en altas proporciones en el aceite de
girasol y en el de uva.
Todos los aceites son materias grasas de origen vegetal, no todos son iguales ni en su composición ni en su obtención. Con respecto a este punto se puede decir que básicamente existen dos formas de obtener aceite:
Mas allá de estos detalles que pueden ser interesantes, muchas veces el comercio está colmado de envases de aceites cuyas etiquetas los identifican con rótulos que la mayoría de los consumidores no conoce o no asocia directamente con el aceite. Por ejemplo:
Si
bien todos los aceites tienen un 100% de grasas, algunos son mejores y
más sanos para condimentar comidas y otros para cocinar.
Con
respecto a este último punto, es interesante saber que existe una
técnica culinaria para lograr que las comidas fritas no se conviertan en
enemigos de la salud, según estudios realizados, cuando se hace una
fritura de manera correcta, la absorción de grasas por parte del
alimento, no sobrepasa el 8%.
Esto significa que una buena fritura no supone un gran aporte de energías, a la vez que puede ser un método de cocción tan saludable como los demás.
i.
Antes de colocar el alimento en la sartén se lo debe secar bien para que
no retenga el aceite. Esto permite obtener una fritura crocante e
impide que el alimento se impregne de aceite;
ii. Al freír no hay
que tapar la sartén para que los vapores que se van condensando no
alteren el aceite;
iii. El aceite para la cocción debe estar “a
punto”. Para ello debe estar a una temperatura de 180º. En esa
temperatura la absorción de grasa es insignificante.